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09 de octubre de 1985

milestone

«Tango Argentino» triunfa en Broadway

El espectáculo dirigido por Segovia y Orezzoli reintroduce al tango en el circuito mundial.

Contexto previo

A principios de la década de 1980, el tango atravesaba un período de relativo letargo en el ámbito internacional y una profunda crisis de renovación en su propia cuna, Buenos Aires. Tras la época dorada de los años 40 y la posterior irrupción del rock y otros géneros tropicales, el género rioplatense había quedado relegado a nichos de resistencia cultural, programas televisivos de formato nostálgico y locales especializados para turistas. La danza social, en particular, sufría un declive notable: las milongas porteñas no convocaban a las nuevas generaciones y muchos de los grandes maestros del baile se encontraban en el retiro o trabajando en profesiones ajenas al espectáculo.

En este escenario, los creativos Claudio Segovia y Héctor Orezzoli, quienes ya habían cosechado éxitos con propuestas estéticas centradas en las raíces culturales —como el espectáculo Flamenco Puro—, concibieron la idea de una puesta en escena que rescatara la esencia del tango sin los artificios del folclore de exportación. Tras una presentación inicial en el Festival de Otoño de París en 1983, donde el espectáculo fue recibido con entusiasmo, se inició el camino hacia el mercado estadounidense, culminando en la histórica fecha del 9 de octubre de 1985 con su estreno en el Mark Hellinger Theatre de Nueva York.

Desarrollo del hecho

El estreno de Tango Argentino en Broadway marcó un punto de inflexión en la historia del género. Originalmente programado para una breve temporada de cinco semanas, el éxito fue tan rotundo que el espectáculo permaneció en cartelera durante meses y recibió múltiples nominaciones a los premios Tony, incluyendo mejor musical, mejor dirección y mejor coreografía.

La propuesta escénica se distanciaba radicalmente de los espectáculos de variedades de la época. La puesta era minimalista y sobria, basada en una iluminación dramática y un vestuario elegante que remitía a las décadas del 40 y 50. El guion coreográfico no presentaba una historia lineal, sino una evolución histórica del baile, desde sus orígenes arrabaleros hasta las formas más estilizadas y modernas. La orquesta, situada en el escenario como parte integral de la visualidad, subrayaba la importancia de la música en vivo, alejándose de los arreglos pop o electrónicos que a veces se utilizaban para "modernizar" el género de manera artificial.

Protagonistas

El éxito de la obra se debió en gran medida a la autenticidad del elenco, compuesto por figuras que representaban la memoria viva del tango. Entre los bailarines destacados se encontraban parejas que se convertirían en referentes mundiales, como Juan Carlos Copes y María Nieves, cuya técnica y magnetismo fueron fundamentales para la recepción crítica. También participaron figuras como Mayoral y Elsa María, Nélida y Nelson, y los Virulazo (Jorge Martín Orcaizaguirre y Aída Ermelinda Vasquez), estos últimos representando el estilo "orillero" y pausado que cautivó al público neoyorquino por su densidad emocional y falta de acrobacia gratuita.

La dirección musical y el sonido del bandoneón estuvieron representados por nombres de la talla de José Libertella, Luis Stazo y la orquesta del Sexteto Mayor, mientras que las voces de cantantes como Roberto Goyeneche, Raúl Lavié y Jovita Luna aportaron la profundidad lírica necesaria para completar el cuadro cultural. La visión de Segovia y Orezzoli fue, precisamente, reunir a estos artistas que, en muchos casos, no habían tenido la oportunidad de presentarse en escenarios de tal magnitud, permitiéndoles ejecutar su arte sin adaptaciones concesivas al gusto extranjero.

Repercusión y consecuencias

La repercusión de Tango Argentino fue inmediata y multiforme. A nivel internacional, desató lo que se conoció como la "tangomanía": escuelas de baile comenzaron a proliferar en ciudades como Nueva York, París, Tokio y Berlín. La imagen del tango como una danza sofisticada, sensual y técnicamente exigente se instaló en el imaginario global, posicionándolo nuevamente como un producto cultural de exportación de primer orden.

Sin embargo, la consecuencia más significativa se produjo en Buenos Aires. El éxito en Broadway funcionó como un espejo validador: los argentinos redescubrieron su propia música a través del reconocimiento externo. Este fenómeno reactivó la apertura de nuevas milongas y despertó el interés de jóvenes que, hasta entonces, percibían al tango como algo vetusto. La demanda de clases de baile creció exponencialmente, dando inicio a una nueva generación de bailarines que combinarían la tradición de los viejos maestros con nuevas técnicas corporales. Este auge dio origen al llamado "tango de escenario", una modalidad diseñada específicamente para el espectáculo que, aunque a veces criticada por su virtuosismo gimnástico, permitió que el género circulara por los teatros más importantes del mundo.

Por qué se recuerda hoy

En la historiografía del tango, el 9 de octubre de 1985 se considera la fecha del "segundo renacimiento" del género. Se recuerda hoy no solo como un éxito comercial en el centro del teatro mundial, sino como el catalizador que evitó que el tango se convirtiera en una pieza de museo olvidada. Gracias a la irrupción de este espectáculo, el tango recuperó su estatus de danza social global y de arte escénico de alta complejidad.

La estructura de las compañías de tango actuales, el formato de los festivales mundiales y la existencia de una industria cultural que sostiene a miles de artistas en todo el planeta tienen su raíz directa en el impacto que Segovia y Orezzoli lograron en Broadway. Tango Argentino demostró que el tango poseía una gramática universal capaz de trascender las barreras idiomáticas y culturales, consolidándose como una de las manifestaciones artísticas más potentes e identificables de la cultura rioplatense en el siglo XX.

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