El sueño francés y la fiebre amarilla
El primer intento de unir los océanos costó cientos de millones de francos y decenas de miles de vidas. Un mosquito derrotó al héroe de Suez.
# El sueño francés y la fiebre amarilla
Cuando Ferdinand de Lesseps llegó a Panamá en 1880, era el hombre que había cambiado el mapa del comercio mundial con el Canal de Suez. París le creyó cuando propuso repetir la hazaña en América Central. La Compagnie Universelle du Canal Interocéanique cotizó en bolsa y decenas de miles de pequeños ahorristas franceses invirtieron sus ahorros.
Un plan equivocado
Lesseps insistió en un canal a nivel del mar, sin esclusas, como el de Suez. Panamá no es Egipto: hay una cordillera continental de por medio, un río salvaje (el Chagres) y una selva tropical con enfermedades hasta entonces incomprendidas.
El enemigo invisible
La fiebre amarilla y la malaria diezmaron a los obreros. En algunas cuadrillas la mortalidad anual superaba el 30 %. Nadie sabía, en 1880, que los mosquitos Aedes aegypti y Anopheles eran vectores. Los hospitales franceses, con patas metálicas sumergidas en agua para «espantar hormigas», resultaban criaderos ideales.
La quiebra
En 1889 la Compagnie quebró. El escándalo político y financiero (con acusaciones de sobornos a decenas de diputados) sacudió a la Tercera República y terminó por sepultar la carrera de Lesseps.
La lección estadounidense
Cuando Estados Unidos tomó las obras en 1904, aprendió del error francés en dos frentes: adoptó un canal con esclusas y un lago artificial, y encargó a William Gorgas una campaña sanitaria sistemática contra los mosquitos. En pocos años la fiebre amarilla desapareció de la Zona del Canal. El sueño de Lesseps se completó, pero con otra bandera.