21 de junio de 2000
Copa Libertadores 2000
Boca vence al Palmeiras por penales y se consagra campeón de América después de 22 años.
Contexto previo
Hacia el inicio del nuevo milenio, el Club Atlético Boca Juniors atravesaba una prolongada sequía de títulos continentales. Tras el bicampeonato obtenido en 1977 y 1978 bajo la conducción de Juan Carlos Lorenzo, el equipo argentino no había logrado replicar aquel éxito en la Copa Libertadores, el certamen de clubes más prestigioso de América del Sur. La llegada de Carlos Bianchi a la dirección técnica en 1998 había marcado un punto de inflexión, logrando una hegemonía a nivel local que sentó las bases para el retorno a la competencia internacional en el año 2000.
El camino hacia la final no fue sencillo. Boca Juniors debió superar una fase de grupos exigente y enfrentamientos de alta intensidad en las rondas eliminatorias, incluyendo un histórico cruce de cuartos de final ante su clásico rival, River Plate. Por su parte, el Palmeiras de Brasil llegaba como el campeón defensor, ostentando un plantel consolidado y la ventaja de definir la serie final en condición de local. El enfrentamiento representaba el choque entre el orden táctico propuesto por Bianchi y el despliegue ofensivo del conjunto paulista.
Desarrollo del hecho
La final de la Copa Libertadores 2000 se disputó en una serie de ida y vuelta. El primer encuentro, celebrado en el Estadio Alberto J. Armando (La Bombonera) el 14 de junio, finalizó con un empate 2-2, resultado que dejaba la definición abierta para la vuelta en territorio brasileño. El 21 de junio de 2000, la serie se trasladó al Estadio Palestra Itália, en la ciudad de São Paulo.
Durante los 90 minutos reglamentarios del partido de vuelta, ambos equipos mantuvieron una postura cautelosa, conscientes del valor de cada error. A pesar de los intentos ofensivos de Boca, liderados por la creatividad de Juan Román Riquelme, y la resistencia del Palmeiras, el marcador no se rompió, finalizando 0-0. Dado que el reglamento de la época no contemplaba la diferencia de gol como criterio de desempate en la final, la paridad global obligó a la ejecución de tiros desde el punto penal.
En la instancia definitiva, la figura del arquero colombiano Óscar Córdoba emergió como el factor determinante. Córdoba logró detener los remates de Faustino Asprilla y Roque Júnior. Por el lado de Boca Juniors, los ejecutores mantuvieron la precisión necesaria para asegurar la ventaja. La definición culminó 4-2 a favor del conjunto argentino, sellando su tercera conquista en la historia del certamen y poniendo fin a una espera de 22 años.
Protagonistas
El éxito de Boca Juniors en la edición 2000 se cimentó en una columna vertebral de jugadores que equilibraban experiencia y talento técnico. Juan Román Riquelme se consolidó como el conductor estratégico del equipo, controlando los tiempos del juego y asistiendo a los delanteros en momentos críticos. En el frente de ataque, Martín Palermo, recuperado de una grave lesión de rodilla meses antes, representó la principal amenaza goleadora, atrayendo la marca de los defensores rivales.
En el aspecto defensivo, la seguridad brindada por Óscar Córdoba fue fundamental, no solo en la tanda de penales final, sino a lo largo de toda la campaña. Junto a él, la solidez de defensores como Jorge Bermúdez y Walter Samuel permitió al equipo sostener resultados adversos en estadios complejos. Desde el banco de suplentes, la gestión de Carlos Bianchi fue determinante; su capacidad para leer los partidos y transmitir calma en instancias de alta presión fue señalada por la historiografía deportiva como el motor del triunfo.
Repercusión y consecuencias
La obtención de la Copa Libertadores 2000 tuvo un impacto inmediato en el mapa del fútbol sudamericano. A nivel institucional, Boca Juniors recuperó el prestigio internacional, posicionándose nuevamente como una potencia del continente. Este título otorgó al club el derecho de disputar la Copa Intercontinental en Tokio, Japón, donde meses más tarde se enfrentaría al Real Madrid, consolidando una de las etapas más exitosas en la historia de la institución.
En términos deportivos, la victoria en el Palestra Itália inició un ciclo de dominio regional conocido como la "era dorada" del club, que incluyó la obtención de múltiples títulos internacionales en los años siguientes. Para el fútbol argentino, significó el regreso de un representante nacional a lo más alto del podio sudamericano después de un lustro de hegemonía de clubes brasileños.
Por qué se recuerda hoy
En el archivo histórico de Boca Juniors, el 21 de junio de 2000 figura como la fecha del "renacimiento internacional". Se recuerda no solo por la importancia del trofeo, sino por la calidad del rival vencido y las circunstancias de la definición. La actuación de Óscar Córdoba en los penales se ha convertido en una referencia ineludible al hablar de grandes desempeños individuales en finales continentales.
Asimismo, la Copa Libertadores 2000 es valorada como el torneo que terminó de consagrar a Juan Román Riquelme como un ídolo de magnitud global y que ratificó la eficacia del método de Carlos Bianchi. La imagen de los jugadores celebrando en el césped de São Paulo tras 22 años de postergaciones internacionales permanece como uno de los hitos documentales más significativos del deporte sudamericano del siglo XXI.