09 de diciembre de 1962
1962: Fútbol: Campeón del Metropolitano de 1962
Un 9 de diciembre de 1962 Boca Juniors, se consagra campeón del torneo Metropolitano 1962 tras una campaña sólida bajo la conducción de José D'Amico.

Imagen del archivo institucional
Contexto previo y situación institucional
A comienzos de la década de 1960, el fútbol argentino atravesaba una etapa de transición y reestructuración bajo la presidencia de Alberto J. Armando en Boca Juniors. Tras una sequía de títulos locales que se extendía desde 1954, la dirigencia xeneize apostó por una renovación profunda del plantel y la profesionalización de diversas áreas del club. El campeonato de Primera División de 1962 (denominado técnicamente como Campeonato de Primera División, aunque el término "Metropolitano" se popularizaría años más tarde para distinguir los torneos regulares de los Nacionales) se presentaba como el escenario ideal para recuperar la hegemonía perdida.
Bajo la conducción técnica de José D’Amico, quien había asumido la dirección del equipo con una filosofía de orden táctico y solidez defensiva, Boca Juniors logró consolidar un grupo equilibrado. El certamen de 1962 fue disputado por 15 equipos en un formato de todos contra todos a dos ruedas. A lo largo del año, la paridad entre los animadores del torneo fue constante, llegando a las instancias finales con una disputa cerrada entre Boca Juniors y su clásico rival, River Plate.
Desarrollo del hecho: El clásico decisivo y la consagración
La definición del título encontró su punto culminante el 9 de diciembre de 1962, en el marco de la penúltima fecha del campeonato. Boca Juniors y River Plate llegaron a este encuentro igualados en la primera posición de la tabla, con 39 puntos cada uno. El escenario fue el Estadio Camilo Cichero (La Bombonera), que lucía colmado por una multitud consciente de que el resultado de ese partido determinaría, virtualmente, el dueño de la corona.
El encuentro fue de una intensidad propia de una final. Apenas iniciadas las acciones, a los 14 minutos del primer tiempo, el árbitro Carlos Nay Foino sancionó un penal en favor del conjunto local tras una infracción sobre el delantero Norberto Menéndez. Paulo Valentim, el goleador brasileño que ostentaba una eficacia notable en los superclásicos, fue el encargado de ejecutar la falta. Con un remate preciso, venció la resistencia del arquero Amadeo Carrizo para establecer el 1 a 0.
El resto del partido se desarrolló con una presión constante del equipo visitante, mientras Boca apelaba a la resistencia física y al orden de su línea defensiva. Sin embargo, la historia quedaría sellada por una jugada que pasó a la posteridad. A falta de diez minutos para el pitazo final, Nay Foino sancionó un penal para River Plate por una falta del defensor Carmelo Simeone sobre Artime. El encargado del disparo fue el brasileño Delem. Ante el silencio expectante del estadio, el arquero Antonio Roma se adelantó levemente —una acción permitida por la interpretación arbitral de la época— y logró desviar el remate hacia un costado. El rebote fue despejado por la defensa, desatando la euforia en la parcialidad xeneize.
La victoria por la mínima diferencia dejó a Boca Juniors con dos puntos de ventaja a falta de una sola jornada. En la última fecha, el equipo ratificó su dominio venciendo a Estudiantes de La Plata por 4 a 0, asegurando así el trofeo de manera oficial.
Protagonistas y pilares tácticos
La obtención del título de 1962 no fue un hecho fortuito, sino el resultado de una columna vertebral de jugadores que marcaron una época en la institución. En el arco, Antonio Roma se consolidó como una figura inexpugnable, cuya atajada a Delem se transformó en el símbolo máximo de la campaña.
La defensa contó con la presencia de Silvio Marzolini, quien ya asomaba como uno de los mejores laterales izquierdos de la historia del fútbol argentino por su elegancia y criterio para el juego. En el centro del campo, la figura de Antonio Ubaldo Rattín emergió como el líder espiritual y táctico del equipo, imponiendo presencia física y orden en la distribución del balón.
En la faceta ofensiva, la presencia de Norberto Menéndez aportó la cuota de jerarquía necesaria en la creación, mientras que Paulo Valentim se confirmó como el ejecutor implacable, especialmente en los partidos de alta relevancia. Bajo la conducción de José D’Amico, este plantel logró un equilibrio entre la tradición de "garra" característica del club y un despliegue futbolístico eficaz.
Repercusión y consecuencias
El título de 1962 representó mucho más que una nueva estrella en el palmarés de Boca Juniors. Fue el inicio de una era de éxitos que se extendería durante la década del 60, incluyendo los campeonatos de 1964 y 1965. A nivel institucional, este logro validó la gestión de Alberto J. Armando y permitió al club consolidar su poderío económico y social.
Asimismo, la repercusión en la prensa de la época fue masiva. La atajada de Roma a Delem fue analizada durante décadas bajo el prisma de la justicia deportiva y la picardía, estableciendo un precedente en la forma en que se vivían y arbitraban los penales en contextos definitorios. La victoria ante el clásico rival en una instancia de "final de facto" elevó la moral del socio xeneize y reafirmó la mística del estadio de Brandsen 805 como un recinto inexpugnable.
Por qué se recuerda hoy
En la memoria histórica de Boca Juniors, el campeonato de 1962 ocupa un lugar de privilegio por haber sido el primer gran éxito de la era moderna del club. Es recordado no solo por la obtención del trofeo en sí, sino por la épica narrativa de su partido definitorio. La frase atribuida al árbitro Nay Foino tras las quejas de los jugadores rivales por el adelantamiento de Roma ("Aire, aire, penal bien pateado es gol"), aunque forma parte de la tradición oral, sintetiza el espíritu de un fútbol más rústico y determinante.
Para el archivo histórico digital, la fecha del 9 de diciembre de 1962 queda marcada como el día en que un penal atajado se convirtió en campeonato. Es el recuerdo de un equipo sólido que supo interpretar la identidad del club, devolviéndolo a lo más alto del fútbol argentino y sentando las bases de la mística ganadora que caracteriza a la institución hasta la actualidad.